domingo, 14 de mayo de 2023

Editoriales Rebeldes 

UN SISTEMA INSTITUCIONAL ROTO

Y UN PODER ECONÓMICO GLOBAL QUE CRECE

La decisión de la Corte Suprema suspendiendo las elecciones de gobernador y vice en San Juan y Tucumán motivan un aspecto del título de estas reflexiones. 

Hace bastante tiempo que nuestro sistema institucional, con esta división de poderes y su necesaria articulación para que la sociedad pueda desarrollarse plenamente, no funciona. Tampoco tiene vigencia el federalismo que suele invocarse. 

Se podría generalizar diciendo que no es un problema exclusivamente argentino, que es un mal que afecta fundamentalmente a los países que forman parte del mundo occidental. 

Algunos sucesos en los EEUU, como medidas del gobierno de Trump y los incidentes del Capitolio, lo atestiguan. 

Esta perspectiva aparece reforzada en países europeos. Allí las limitaciones impuestas por el capitalismo a la tradicional democracia liberal, han abierto el cauce a sistemas más autoritarios, con restricciones a las libertades y de menor respeto a los derechos humanos, como la “Ley Mordaza” en España o la declaración del “Estado de Emergencia” en Francia. Estas manifestaciones tienen sus puntos más altos en los gobiernos de Polonia y Hungría. Estos retrocesos institucionales se podrían generalizar a la mayoría de los países europeos, con su seguidismo a la política guerrerista de los EEUU y por el inhumano trato a los migrantes africanos y asiáticos que buscan refugio en Europa. Prueba de esta situación son los 22.930 muertos o desaparecidos que, en 7 años (2014/2021), han transformado al Mar Mediterráneo en un gigantesco cementerio.

Tal tendencia tiene como una causal general la incompatibilidad existente entre el avance del poder económico global y las demandas de grandes masas de la población, las que van acompañadas de una exigencia de mayor participación en las decisiones económicas y políticas. 

Frente al vaciamiento de una participación popular, el poder apunta a una despolitización que profundiza la transferencia de poder a sectores tecnocráticos vinculados a los “dueños del mundo” y sus instituciones, como el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y toda una amalgama de instituciones internacionales creadas para tratar de influir, al servicio de ese poder económico, en la vida de distintos territorios (OEA) y en sectores vinculados a salud (OMS, OPS); educación, ciencia y cultura (UNESCO); trabajo (OIT); entre otros.  

Este fenómeno de despolitización, multiplicado hasta el infinito, genera respuestas contrarias. Esa creciente exclusión de los intereses populares, de los sitios de decisión política, crea condiciones para que aparezcan nuevas formas de organización y abre instancias de participación y lucha que promueven cambios de fondo. Nada obliga a pensar que esa gran parte de la humanidad, hoy acallada y sometida, no tenga reservas de dignidad que lleven a las sociedades a reaccionar y a los que aspiran ser propietarios del futuro les salga el tiro por la culata.

En la definición de las políticas nacionales se solía hablar del Estado como un poder en disputa. Esa idea va perdiendo fuerza frente a la realidad. Allí esa disputa se da entre reducidos factores de poder que pelean por la administración de ese Estado.

Lo que está sucediendo con las decisiones de suspender o limitar estos procesos electorales son casos ejemplares. 

Por un lado, una Corte Suprema que juega a la política. Desde esa posición sostiene los intereses de la oposición y dicta resoluciones que demuestran que la tradicional división de poderes está escasamente vigente. 

Por otro lado, desde el gobierno nacional levantan las banderas de un federalismo que - en gran parte del país - no se practica. En este sentido son más que interesantes las definiciones de algunos gobernadores en el sentido de que tienen dudas sobre el alcance federal de las decisiones de los gobiernos asentados en Buenos Aires.  

 

SUSPENSIÓN DE ELECCIONES, FALLO DE LA CORTE: 

EFECTOS E INTERNAS

La reducida Corte Suprema de Justicia decidió suspender mediante medidas cautelares, las elecciones para gobernador y Vice en las provincias de Tucumán y San Juan, que hoy se tendrían que estar realizando. Lo decidió mientras se da tiempo para un fallo sobre el fondo de la cuestión. La cuestión en debate es si correspondía la inhabilitación de Juan Manzur, como candidato a Vice Gobernador en Tucumán y de Sergio Uñac, como candidato a Gobernador en San Juan. 

En ambos casos se trata de consideraciones en torno a la constitucionalidad de las candidaturas de las personas involucradas, por haber ocupado ya tales cargos durante dos períodos consecutivos. En casos anteriores, semejantes a estos, la intervención de la Corte determinó que los candidatos originarios quedaran fuera de juego. Eso ocurrió en el 2013 en Santiago del Estero con Gerardo Zamora y en el 2019 en La Rioja con Jorge Casas y en Río Negro con Alberto Weretilneck.

En Tucumán la Junta Electoral de esa provincia decidió este miércoles cancelar la elección en la provincia en todas las categorías. Poco después, Manzur declinó su candidatura a vice gobernador y solicitó a la Corte que levante la prohibición por haber declinado la candidatura cuestionada. Prometió públicamente que las elecciones se realizarían en el mes de junio, aunque esa fecha está en duda.

En San Juan, el fallo de la Corte Suprema suspendió las elecciones a gobernador y vice que hoy debían desarrollarse. Sin embargo, el gobernador Sergio Uñac ratificó que se mantiene en pie la convocatoria para la votación de los cargos legislativos provinciales, además de intendentes departamentales con sus respectivos concejales.

Los efectos políticos de este fallo son indudables. Hoy se votaba en 5 provincias y en todas ellas se esperaban victorias de candidatos próximos a distintos espacios del gobierno nacional. La medida de la Corte ahora disminuye el efecto de lo que pueda pasar hoy y que hubiera proporcionado un renovado impulso a la difícil perspectiva que tiene el oficialismo respecto a las próximas elecciones y hubiera ahondado la crisis que sacude a la fuerza opositora.  

Por un lado, esta decisión revela de qué modo las resoluciones de la Corte van en línea con los intereses de la oposición y cómo estas intervenciones profundizan esa tendencia. 

También da cuenta de los tardíos lamentos que derrama el oficialismo, sin darse cuenta que los jueces que dictaron esta medida fueron avalados por el voto de sus legisladores. En el mismo sentido, la reivindicación del federalismo que hizo el presidente no se puede verificar en el manejo presupuestario y la mayoría de las actuales políticas de Estado, que motivan los permanentes reclamos de las provincias y de quienes están vinculados a las producciones regionales.

Por último, esta votación - donde se observó la ausencia de Ricardo Lorenzetti -, puso de manifiesto la interna de la Corte. También evidencia la razón por la cual no habría funcionado la “señal” de la Corte en el sentido de que ésta no intervendría en los conflictos electorales de las provincias afectadas. 

Mientras estos confusos debates se daban sobre las elecciones en San Juan y Tucumán, el INDEC dio las cifras de la inflación del mes de abril: Ellas son de 8,4% mensual, la más alta desde abril del 2022; eso lleva a un acumulado de los últimos 12 meses que alcanza el 108,8%, el interanual más elevado desde 1991; los alimentos subieron un 10,1%. 

 

ELECCIONES EN JUJUY, LA RIOJA Y MISIONES: NOVEDADES 

El domingo pasado continuó la sucesión de elecciones provinciales que estamos transitando. Fue el turno de Jujuy, La Rioja y Misiones.  

En las 3 elecciones triunfaron los oficialismos que venían gobernando cada una de esas provincias. 

Además del conteo tradicional de los porcentajes de votos válidos, es interesante la comparación entre esos votos y la suma de las abstenciones, votos en blanco y nulos. 

En Jujuy ganó Carlos Sadir, representante del radicalismo y referenciado en la coalición de Juntos para el Cambio. Obtuvo el 49,5% de los votos, seguido por el candidato del Frente Justicialista con 22,3%. La izquierda, que denunció fraude, obtuvo más del 12%, pero menos que sus expectativas. 

La suma de los votos de la abstención, blancos y nulos sumó 35,5% del total del padrón, menos que el 33% del padrón total que dio su voto al candidato del oficialismo triunfante. 

En La Rioja fue reelecto el peronista del Frente de Todos, Ricardo Quintela. Éste sumó el 50,9% de los votos válidos, seguido del candidato de Juntos por el Cambio con el 31,7%. Tercero figuró un Menem - sobrino del ex Presidente - quien fue candidato de Javier Milei y reunió poco más del 15%. El total de la abstención y los votos en blanco reunió el 34% del padrón, cifra igual a la que obtuvo el gobernador reelecto.

En Misiones fue elegido gobernador Hugo Passalacqua, del Partido Renovador por la Concordia Social, quien ya ocupara ese cargo (2015/2019) Obtuvo el 64,3% de los votos válidos. El segundo lugar lo ocupó el candidato de la alianza de Juntos por el Cambio con 26,5%. En este caso la fuerza triunfante ratificó su permanencia al frente del gobierno con el 41% del total del padrón; a diferencia de los datos de las provincias de Jujuy y La Rioja, esa cifra es claramente superior a la abstención, el voto en blanco y los nulos que alcanzaron el 35,5% del total del padrón. 

 

CONSTITUYENTE CHILENA: FRACASO DE LA IZQUIERDA,

AVANCE DE LA DERECHA Y CAMBIANTE HUMOR SOCIAL 

El domingo pasado se realizó en Chile la elección nacional número 18 desde el momento en que se eligió el camino institucional - en el año 2019 - para dar una respuesta a lo que se conoció como “estallido o revuelta social” iniciada el 18 de octubre de ese año. Fue un período insurreccional durante el cual millones de chilenos demandaron - desde plazas y calles, sobre todo en Santiago y Valparaíso - el fin del gobierno de Sebastián Piñera y recibieron como respuesta el inicio de complejos procesos institucionales, avalados por los partidos tradicionales. Eso culminó el domingo pasado con el triunfo de la derecha a través del Partido Republicano, liderado por José Antonio Kast, partidario de mantener la Constitución Pinochetista, que ganó con el 35,6% de los votos y que ahora - aliado con otras fuerzas de derecha - tiene el control del actual proceso constituyente.

Estas reflexiones no tendrán su eje en los detalles que podrían explicar este fenomenal cambio de humor social por parte de las mayorías electorales.

Simplemente señalarán lo que se puede estimar que son los dos momentos claves que crearon las condiciones para que ello ocurriera.

El primer momento fue la participación de los tradicionales partidos políticos chilenos del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución del plan del presidente Piñera (noviembre 2019) para desviar la rebeldía popular hacia una propuesta de reforma constitucional que conduciría su gobierno.

Primer gran error, que la rebeldía callejera rebelde no pudo dar vuelta.

Sin embargo, sucesivos triunfos electorales permitieron valiosos debates e importantes textos constitucionales. Aunque sin mayores cambios en el poder real. El gobierno de Piñera y las antiguas dirigencias comenzaron a recomponerse, aunque todavía quedaban fuerzas suficientes para un importante triunfo de la izquierda colocando en el gobierno a Gabriel Boric, un reconocido dirigente estudiantil. 

El segundo momento - que explica esta actualidad - ya con Boric presidente, se dio con su perspectiva de extrema moderación, queriendo avanzar “paso a paso”, tratando de identificarse con los procesos social-demócratas y diferenciarse de la rebeldía. Ello significó otro gran error que quedó sellado con el triunfo electoral de la derecha el domingo pasado, en lo que Kast denominó como “el triunfo del sentido común”. Pero ese “sentido común” un par de años atrás, con centenares de miles en las calles, era claramente distinto. 

Esos dos momentos explican el rápido cambio de humor en el electorado chileno.

 

JUAN GUAHÁN 

 

 


https://www.facebook.com/profile.php?id=100067149060864

https://instagram.com/noticiaslibres2021?utm_medium=copy_link

 

 

 


sábado, 29 de abril de 2023

Editoriales Rebeldes 

DOS MIRADAS OPUESTAS

SOBRE LOS CAMBIOS A PRODUCIR





















Es obvio que siempre han existido miradas diferentes sobre la realidad en la que estamos. Eso es así sobre cualquier cuestión puntual, pero también los es sobre ese conjunto que se llama sociedad. 

No es lo mismo tener opiniones distintas sobre la actuación del árbitro en un partido de fútbol qué tener esas discrepancias sobre lo que vamos a hacer respecto del FMI. Yendo más allá, tampoco es lo mismo tener opiniones con algunas diferencias a tener pensamientos y propuestas claramente opuestas.

Cuando esas miradas tienen por objeto a toda la sociedad y como destino su necesidad de cambiar a ese conjunto, las cosas se complican.

Esto último está pasando hoy en día y con un grado de profundidad poco común. 

Desde las élites del poder llueven las propuestas para terminar con este estado de cosas. Para ello usan metáforas parecidas: “Dinamitar todo” (dice el “ahora endurecido” Horacio Rodríguez Larreta) o “semi dinamitar todo, no absolutamente todo” (propone el “ahora moderado” Mauricio Macri) Ni hablar de lo que proponen Patricia Bullrich o Javier Milei con sus planes de liberalismo extremo. 

Por el otro lado, desde el campo popular, reaparecen las perspectivas más duras. Nuevamente resuenan en las movilizaciones aquello de “Que se vayan todos” o “Ruptura con el FMI”.

Ambas ideas apuntan a cambiar cuestiones importantes del modelo que nos viene gobernando en los últimos 40 años, de vigencia ininterrumpida de esta democracia actual. Modelo cuyo fracaso podemos verificar donde pongamos el ojo. 

Sabemos que no son lo mismo el macrismo y el actual gobierno, pero ambos descansan sobre valores que han sido superados por la realidad. 

En ese agotamiento está el origen del hartazgo de grandes sectores de la población (comenzando por los más jóvenes) y del nacimiento de los esclavos “libertarios” como imagina Milei. 

Es interesante adentrarnos un poco en el contenido de estas propuestas extremas. La de los liberales extremos y la de importantes sectores del pueblo llano.

Los liberales son rotundos. Ellos quieren terminar con las escasas posibilidades que le quedan al actual Estado para que sea capaz de sostener funciones soberanas, al servicio de las grandes mayorías, en materia de trabajo, salud, educación, sistema comunicacional, vivienda.

Es su objetivo dejar sin protección a millones de compatriotas, por eso bregan para neutralizar y liquidar a las organizaciones sociales, sindicales y toda otra forma de organización popular.

Como están enamorados de la tierra que poseen, en gran parte mal habida por la vieja oligarquía y los nuevos privilegiados (muchas veces extranjeros), cuidan que trabajadores y campesinos - el pueblo plebeyo - tenga dificultades para acceder a la misma.

Defensores del mundo occidental y su cultura no tienen reparos en profundizar el genocidio histórico de los pueblos originarios y sus manifestaciones actuales.

Desde el campo popular, hace tiempo que muchos sectores también sueñan con “dar vuelta la tortilla”. Demandan acabar con la relación que nos ata al FMI; quieren poner fin al extractivismo y terminar con la brutal hegemonía financiera, que permite que la ley pergeñada por Martínez de Hoz siga vigente. 

Esas fuerzas populares, aspiran a que trabajo y producción sean los ejes de la vida económica. Que ello se haga sobre un nuevo modelo sin explotación y cuidando al planeta, la única casa que tenemos.

Lo peor de todo es que, desde el campo popular, variadas manifestaciones de gobiernos, autodefinidos como progresistas, no los escucharon y no hicieron lo que debían hacer: darle poder al pueblo organizado. Con ello, dejaron libre el terreno para que los enemigos del pueblo, con sus medios de prensa a la cabeza, pudieran avanzar.

Ese fracaso alimentó a sectores reaccionarios que pretenden no solo ganar coyunturas, sino cambiar los rumbos de la historia por venir, dando respuestas reaccionarias a la crisis global que nos envuelve a todos. Ellos trabajan para una libertad que favorezca al más concentrado poder económico: que se está constituyendo en el nuevo gobierno mundial.     

Sin embargo, hubo y hay importantes reacciones populares, pero ellas no pudieron superar los topes de las necesidades cotidianas.

La dirigencia no fue capaz de construir la unidad necesaria que reúna la fuerza y los acuerdos suficientes para constituirse en alternativa para el conjunto del pueblo.

Ante la perspectiva de que los sectores liberales avancen, no quedan dudas acerca de que se incrementará la resistencia, pero sin unidad y proyecto alternativo será muy difícil y costoso recuperar la hegemonía de una soberanía social y política que le dé solidez al futuro por construir y nos evite caer en nuevas frustraciones, de un sistema institucional que no da para más. 

De lo contrario, los aprendices de brujo volverán a irse, pero lo harán dejando un campo arrasado y el pueblo sufrirá más de lo necesario.

 

LAS ORGANIZACIONES SOCIALES EN SU HORA MÁS DIFÍCIL

Cuanto más grande es el caos, más próxima está la solución (Mao Tse-Tung)

La frase que sigue al título de estas reflexiones no es una expresión de deseos, sino la verificación de una realidad que el Líder de la Revolución China demostró como válida. 

No quedan dudas sobre que, para los sectores populares, la calle y la movilización constituyen su mayor fuerza. Es allí donde pueden hacer valer el peso y compromiso de sus cuerpos, avalando sus ideas. Esa forma de acción les permite demostrar el valor de esa presencia ante otras formas de actuación, como las estrategias meramente electorales y las frías decisiones gubernamentales. 

Las respuestas electorales están determinadas por los números de un sistema electoral dependiente, en buena medida de la capacidad económica, y el peso mediático.

En las decisiones gubernamentales, no es la voz del pueblo la que más se escucha, porque el predominio lo tienen los poderes económicos del sistema.

En estos últimos tiempos, han sido las organizaciones sociales quienes tuvieron el predominio callejero. Que éste no fuera utilizado con toda la potencialidad que tiene y de la mejor manera es otra historia y tiene que ver con la política y pensamiento político ideológico de su dirigencia.

La coyuntura política y las perspectivas del panorama electoral abren varios interrogantes sobre el futuro de las organizaciones sociales, su capacidad de movilización y presencia callejera.

Algunos de sus dirigentes consideran que la concentración del esfuerzo en arrancarle concesiones al Estado, con la metodología de las grandes marchas o movilizaciones hacia el centro del poder, no fue la mejor estrategia. 

Piensan que ello no permitió desplegar toda la fuerza en cada territorio local - digamos municipio - concreto. De ese modo se debilitaron las posibilidades de respuesta del emergente social representado por las organizaciones sociales. 

El miércoles pasado se reunió la cúpula de la CGT y representantes de organizaciones sociales oficialistas para manifestar su aval al ministro de Economía. Esta tendencia es altamente peligrosa para el futuro de esas organizaciones sociales por su asociación con la cúpula sindical, muy desgastada y que guardó un sacrílego silencio ante el avance de la actual crisis económico social. Con esta perspectiva crean las condiciones para que tales organizaciones sociales sigan el mismo camino cegetista.

En medio de estos debates, el gobierno, a través del Ministerio de Economía, anunció que los ingresos de los trabajadores en blanco se ubicaban por encima de la inflación. Dice que en marzo esta aumentó un 7,7% y los salarios un 9,8%.

Sin embargo, no son pocos los que piensan que nos vamos adentrando en la crisis del sistema y el incremento represivo. Ante esa perspectiva evalúan como imprescindible un reagrupamiento territorial de los sectores más vulnerables.

Algunas fuerzas - por ahora minoritarias - descreen de esa alianza con la CGT.  Apuestan a la multiplicación de la integración de fuerzas territoriales locales. Imaginan que de ese modo se vayan creando las condiciones para otra política, a partir de su capacidad de presión, articulando - en el territorio local - diferentes sectores sociales y organizaciones populares.  

 

¡QUÉ SEMANA! EL DÓLAR EN EL SUBE Y BAJA. HABLÓ CRISTINA

La semanita que termina fue la típica de una “corrida” bancaria. Hubo de todo, pero a lo grande. El dólar “libre”, que llegó a rozar los 500 pesos, cerró a 469. Ahora los precios tendrían que bajar, pero, ¡cuándo se vio que los aumentos de góndolas y almacenes puedan dar marcha atrás! 

La inflación del 60%, prometida y anotada en el Presupuesto, es motivo de mil burlas y el mentado crecimiento del que habla el oficialismo entró en una meseta declinante. 

Vista la actual situación, un rumor circula en los pasillos de 19th Street - Washington DC (sede del FMI), sostiene que “allí se desconfía mucho de Sergio Massa y su equipo, porque viajan seguido a la Argentina”.

Tal como se había anunciado, la Vice Presidenta dio su clase magistral en La Plata. El marco era llamativo. Cristina rodeada por Nicolás Trotta, Rector de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), del Sindicato de Encargados de Edificios (SUTERH) y ahora responsable de la “Escuela Justicialista Néstor Kirchner”, inaugurada el jueves pasado. Acompañaban a Cristina y Trotta 5 militantes, poco conocidos, que tendrían a su cargo la tarea pedagógica de esta Escuela. El instrumento nació al servicio de la actividad de la vicepresidenta.  

En las tribunas y afuera, el público - varios miles de personas - clamaba por ¡Cristina presidenta!, adentro ésta recordaba: “Yo ya di todo lo que tenía que dar”.   

La clase magistral sirvió para escuchar varias verdades y algunas llamativas caracterizaciones.

Como debatiendo con Milei, recordó que estamos discutiendo la “dolarización”, que ya fracasó hace 20 años. Reivindicó el pago al FMI para terminar con las “condicionalidades” que no dejan independencia para gobernar. 

Ratificó que hay que pagar, pero con una revisión de las cláusulas y los acuerdos - las condicionalidades - con el FMI, al que también colocó como uno de los principales responsables de la inflación. 

Como justificándose, aunque sin autocrítica alguna, Cristina afirmó que siempre tenemos que elegir entre lo “menos malo” e hizo hincapié en la concentración económica que se ha ido incrementando.

En síntesis, fue un discurso con sus claroscuros, pero expresados por una analista sin responsabilidades en el gobierno. No asumió que, en los últimos 20 años, durante 16 gobernó el kirchnerismo, siendo ella quien eligió - por Twitter - al presidente, guardando para sí el cargo de Vice. Si bien reconoció que “nuestro principal problema es el endeudamiento” y que “algo está pasando”, reiteró que “el capitalismo supone la producción de bienes y servicios más eficiente”.

  

2023: EL AÑO MÁS CALIENTE DE LA HISTORIA 

Van creciendo las evidencias científicas que estiman que estamos transitando el año más caluroso desde que existen, al respecto, registros mundiales. Los cerca de 8 mil millones de personas que habitan nuestro planeta se encuentran ante este desafío.  

Lo más llamativo es que esta perspectiva va de la mano del dato de que algunas cifras extremas respecto del calor también se manifestaron en anomalías en cuanto al frío, las inesperadas y económicamente desastrosas heladas del mes de febrero, fueron una de sus manifestaciones. 

Todos coinciden en que estas situaciones están directamente relacionadas con la actividad humana, particularmente por el hecho de que seguimos privilegiando el uso de combustibles fósiles. 

Para las Naciones Unidas - según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) - este fenómeno viene creciendo en estos últimos 8 años.

Los temores sobre el futuro tienen, para los investigadores, su fundamento en que hay estimaciones acerca de que el fenómeno de El Niño, responsable del calentamiento global en el Pacífico, volvería a tener preponderancia antes de fines del corriente año. 

En este sentido los expertos hablan de la presencia - también en el Pacífico - del “Mega Niño Modoki” (según el nombre que le dan los japoneses), que haría que se reduzcan los diferencias entre las estaciones, particularmente entre el otoño e invierno de este 2023.

 

JUAN GUAHÁN 

jueves, 20 de abril de 2023

Frente al FMI, 

que somete a nuestros pueblos, 

hay un solo camino: La ruptura

















Los datos de la realidad, en materia social y económica, son catastróficos.

 

Con cerca de la mitad de la población debajo de la línea de pobreza.

Con los niños, adolescentes y jóvenes (menores de 14 ó 25 años) muy por encima de esa dolorosa proporción.

Con la economía entrando en un proceso de estancamiento.

Con una inflación que se va consolidando en los alrededores del 100% anual.

Con la mayoría viviendo de changas o sin trabajo.

Con un 17,9% de los trabajadores en blanco, un millón quinientos mil, que pertenecen a hogares que están bajo el nivel de pobreza. Son 600 mil más que hace 5 años (según INDEC - 2do trimestre 2022)


Ese es el mapa más elemental de la Argentina de hoy, sin hablar de las carencias en materia de salud, educación y vivienda, y qué decir de cómo se consolidan las desigualdades. Es cierto, en el medio hubo pandemia, la guerra entre Rusia y la OTAN, la sequía. Pero no somos el único país que sufrió estas desgracias. Por poner un ejemplo: Rusia y Ucrania tienen inflaciones que rondan el 20% anual, en medio de la guerra, mientras la nuestra es 5 veces mayor.

 

No deja de ser verdad que el actual gobierno heredó a la insolente entrega y el oneroso endeudamiento que, atendiendo a los intereses que representa, adoptó el gobierno de Macri. Pero también es cierto que un peronismo fatigado, rendido, más cerca del sistema que del pueblo, terminó aceptando y legitimando esas basuras. Muy lejos de la Justicia Social que fuera su bandera de origen y expresión de la demanda de los sectores populares que decía representar.

 

Nadie le puede quitar responsabilidad a la dirigencia política que gobernó al país - con esta democracia - estos últimos 40 años, con la camiseta de las más diversas fuerzas políticas y sin la menor interrupción. 

 

La sacrificada resistencia de los trabajadores y de otros sectores populares a la dictadura genocida alcanzó para empujarlos a la retirada. Pero no fue suficiente para avanzar en los cambios que el pueblo demandaba. Como tantas otras veces, el poder real aceptó, hasta podríamos decir que impulsó, esa retirada para que una democracia condicionada desarmara la fuerza revolucionaria que la lucha de los trabajadores y organizaciones revolucionarias venía gestando.


Los gobiernos se fueron sucediendo, y más allá de algunos avances, la situación general se fue desbarrancando.

 

Los endeudamientos y las condicionalidades que los acompañan hicieron lo que saben y les conviene, poniéndonos contra las cuerdas y completando el acogotamiento del país.

 

Por eso no podemos obviar el rol del gran protagonista de esta historia: El Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde hace 67 años interviene directamente (con meritorias excepciones) en nuestras políticas y es uno de los grandes responsables de nuestra situación actual. Mientras mantengamos esa dependencia es poco lo que podemos esperar del futuro.

 

 

EL FMI: Instrumento del capitalismo

 

El FMI es una estructura creada en julio de 1944 junto al Banco Mundial (BM), poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Ambas instituciones fueron constituidas para ser la vanguardia de las finanzas mundiales, al servicio de los EEUU y el capitalismo imperante. Se fundaron, con la participación de 29 países, en el marco de los Acuerdos de Bretton Woods, una Conferencia Internacional que delineó la política económica mundial, de la post guerra, muchas de cuyas orientaciones centrales rigen hasta la actualidad.  Si bien está integrado por varios países, el criterio adoptado para la toma de decisiones no es un país, un voto, sino en proporción a los aportes. Eso está más cercano al estilo de una sociedad anónima y no al de una relación entre estados soberanos. Y ha determinado que la mayoría absoluta quede en manos de los EEUU, Japón y los países occidentales de Europa.

 

Entre sus objetivos explícitos se destacan: Procurar “un marco para la cooperación económica con el fin de crear una economía mundial más estable y próspera”; “Promover la estabilidad macroeconómica y financiera mundial”; “Reafirmar la libertad cambiaria”, estableciendo que todo control de cambios - de sus países miembros - debería ser aprobado por ese organismo financiero internacional.


La decisión de mayor impacto masivo fue adoptar el dólar como moneda central del sistema de cambios, con una garantía equivalente al monto de los dólares emitidos. De lo cual se derivaba que la economía mundial iba a bailar al compás de la evolución del dólar y la economía de los EEUU, desplazando a los ingleses del rol de primera potencia económica mundial.

 

El FMI nació como un acuerdo que contemplaba los intereses de las naciones más importantes, particularmente de los EEUU, con la pretensión de sentar las bases de un sistema económico mundial, procurando evitar que los conflictos económicos entre las potencias generaran las condiciones para una nueva guerra, como lo fueron la Primera y Segunda Guerra Mundial, esta última todavía en desarrollo al momento de crearse el FMI. De este modo el orgganismo debería cumplir un rol de vigilancia económica. Éste sería semejante al control político que ejercen las Naciones Unidas a través del manejo privilegiado del Consejo de Seguridad, un organismo clave sobre todo en materia de seguridad y relaciones interestatales.  Con ello se alejaba el riesgo de que una disputa entre las potencias derivara en un nuevo conflicto mundial. De este modo, sus conflictos se irían dirimiendo en la periferia, sin que afecten a las potencias de un modo directo, como ocurriera en la Primera y Segunda Guerra Mundial. 

 

La presencia preponderante de los EEUU y sus intereses, en la gestación del FMI, encuentra su explicación en la correlación de fuerzas existente. Durante los años de la última guerra (1939/1945), su crecimiento superó - por lejos - al resto de los grandes países. Esto se explica por su lejanía del escenario de los combates y su ventaja de ser un gran proveedor de elementos bélicos destinados a la guerra. Ese sector, en 1939 significaba el 2% del total productivo. Pero en 1943 aportaba el 4O% de la producción. A fines de la Segunda Guerra Mundial (1945) la producción global de los EEUU era prácticamente la mitad del total de la producción mundial. En materia comercial contaba con una participación global del 40% y tenía a su disposición las dos terceras partes del total de las reservas mundiales de oro.

 

Sobre esos principios, la economía mundial, funcionando sobre la base del patrón oro y la convertibilidad del dólar, aguantó un largo tiempo. Pero, con el paso del tiempo, el oro estadounidense iba dejando de cubrir las emisiones de dólares. La “maquinita” que fabricaba esos dólares permitió a los EEUU mantener altos niveles de vida a pesar de los costos de sus políticas guerreristas. A sus socios europeos no les gustó ese “chiste” y trataron de cambiar las reglas de juego que favorecían a los norteamericanos.


Amparado en su poder militar, en agosto de 1971, el Presidente de los EEUU Richard Nixon declaró la no convertibilidad del dólar a oro. Ahora las cosas serían distintas. El dólar valdría por lo que decían los EEUU y no por el oro que le servía de reserva y garantía. Eso marcó un punto de inflexión en el sometimiento de Europa a los EEUU. También permitió a los EEUU salir de la encerrona en que estaba.  De ese modo EEUU rompió los acuerdos que dieron origen al FMI pero se fortaleció políticamente y con ello mantuvo su hegemonía mundial.

 

En 1973 la OPEP, organización que agrupa a los países productores de petróleo, suspendió sus envíos a los EEUU. La crisis que se desató hizo que el petróleo multiplicara por 4 su precio. Eso empujó a una caída en la economía de la mayor parte de los países. El PBI de los EEUU, en el año y medio que va desde finales de 1973 hasta entrado 1975, perdió un 6,8%.  


Después de árduas y variadas negociaciones, Arabia Saudita, el principal productor mundial de petróleo, llegó a acuerdos con los EEUU. Esa asociación dio a la economía de los EEUU una sobrevida. Inundaron con petro-dólares a la mayor parte de los países, sumergidos por la crisis de 1973. El FMI - como instrumento de los intereses norteamericanos - mediante sus empréstitos salía a darle nuevos aires a la economía estadounidense.

 

En marzo de 1989, el Secretario del Tesoro de los EEUU, Nicholas Brady fortaleció esa tendencia. Promovió un Plan, que lleva su nombre, para el pago de las deudas de los países en desarrollo, ello incluía no solo las deudas públicas, sino también las privadas. Todas ellas se podrían pagar con créditos del FMI y el Banco Mundial. De ese modo se complementa y fortalece la relación entre los intereses económicos concentrados de cada país, con las políticas de los EEUU y su dispositivo más adecuado para esos fines: el FMI.

 

Las deudas externas pasaron a ser eternas y diversos pueblos del mundo, entre ellos el nuestro, las pagarían con sudor y lágrimas. La libertad y la vida de los mejores hijos de muchos pueblos, alimentarían la continuidad del bienestar de los EEUU, Japón y sus socios de los países capitalistas.

 

Como conclusión sobre la razón de ser del FMI se puede señalar que su origen e instrumentos responden, en lo fundamental, a las necesidades e intereses de los EEUU. La presencia de los demás Estados fue un complemento que sirvió para darle legitimidad a esa decisión norteamericana.

 

En los últimos tiempos alcanzan vuelo nuevos protagonistas, son los Fondos de Inversión, más conocidos como “Fondos Buitre”. Nuestro conocido, Black Rock es su mayor exponente. Estos grupos, bajo diversas formas, actúan como complemento de las decisiones del FMI y en acuerdo con la Reserva Federal de los EEUU, una especie de Banco Central de ese país. El Banco Mundial y FMI constituidos como avanzada y custodios de la política de los EEUU han sido eso y no mucho más que eso, herramientas de dominación. En síntesis: Ventajas y privilegios para ellos, desgracias y dolores para nosotros.

 

 

ARGENTINA Y EL FMI

 

Cuando el Golpe de Estado - que llamaron “Revolución Libertadora” - puso fin al gobierno del peronismo (setiembre de 1955) comenzaron nuevas políticas, en los temas centrales de estas reflexiones: deudas y FMI. 

 

Acerca del endeudamiento, apenas asumido el gobierno dictatorial solicitó, a contramano de lo que venía pasando, un crédito internacional. Consiguió préstamos de países europeos, por 500 millones de dólares, de aquella época. Dadas las dificultades para cumplir con sus vencimientos se reunieron en París, al año siguiente (mayo de 1956), representantes de los países acreedores para debatir esa cuestión. Así nació el Club de París, que sigue vigente y hoy agrupa a 22 países, mayoritariamente europeos. Así renació la política de endeudamiento cuyo símbolo es el mítico primer préstamo de la británica Baring Brothers, gestionado por Bernardino Rivadavia en los inicios de la Patria.

 

El dato más importante a partir del Golpe de Estado de 1955 es que Argentina cambia su política respecto al modelo económico internacional. Hasta allí nuestra política había sido la autonomía, a partir de 1956 es la integración al modelo mundial.

 

Respecto al FMI, Argentina logró su ingreso formal el 20 de septiembre de 1956, lo hizo un año después del golpe gorila, mediante un decreto firmado por el dictador General Pedro Eugenio Aramburu. Desde esa fecha se han firmado 23 acuerdos. Sin contar el actual, que está en desarrollo, todos ellos fueron incumplidos.

 

La síntesis de los mismos se puede observar desde diferentes puntos de vista.

 

Mirando el volumen de los acuerdos, somos - en la actualidad - su principal deudor, tenemos cerca del 30% del total de préstamos del FMI. Ello da cuenta de la profundidad de la relación entablada. Al respecto deberíamos hacernos una pregunta: ¿Somos sus niños mimados, unos privilegiados de contar con esa confianza? O, por el contrario, ¿no seremos los campeones en el torneo mundial de giles, guiados por una dirigencia mayoritariamente cipaya?

 

Otra mirada surge de la realidad de nuestro país. Ella tiene que ver con los datos que padecemos y que fuera sintetizada al comienzo. Es imposible separar esas dolorosas cifras de la realidad de nuestra inserción en el mundo y de la influencia que tuvieron y tienen, sobre la misma, los acuerdos cerrados con el célebre FMI. Desde este punto de vista, la presencia del FMI se manifiesta en concreto a través de sus “condicionalidades”, que tienen en los objetivos macroeconómicos de cada acuerdo su formal expresión. En términos generales, estas condicionalidades contemplan distintos aspectos. Uno está referido a las dos condiciones generales que forman parte de todos los acuerdos celebrados. Ellos son: Estabilidad de las variables económicas y seguridades acerca de que los acuerdos tendrán continuidad. Eso supone garantías en el sentido de que el capitalismo vigente y los efectos de sus políticas son intocables. Pero también incluye aspectos particulares que se vinculan con las condiciones específicas de cada país y que están sujetas a las constantes y formales revisiones. En las condiciones actuales de nuestro país algunas de las exigencias conocidas, que no forman parte de los acuerdos reservados que desconocemos, son una drástica reducción y/o eliminación de los subsidios a los servicios públicos y “estrictas regulaciones” para limitar el impacto fiscal de la moratoria previsional, norma que fuera aprobada recientemente.   

 

A 67 años de nuestra incorporación al FMI, este organismo ha monitoreado la economía argentina durante 41 años, sus resultados están a la vista, Más allá de algunas imprecisiones, por abarcar transiciones de gobiernos distintos, es bueno enunciar los 23 acuerdos celebrados y los gobiernos que lo hicieron posible. Ello permite observar quienes, desde diversas posiciones político-ideológicas, acordaron las políticas que nos han llevado a esta situación:


Gobierno constitucional, desarrollista de Frondizi/Guido (1958/1962) – 2 acuerdos

Dictadura de Onganía (1966/1970) y Levingston (1970/71) - 3 acuerdos

Gobierno constitucional, peronista de Isabel Perón (1974/1976) – 3 acuerdos

Dictaduras de Videla (1976/1981) y Bignone (1982/1983) – 3 acuerdos

Gobierno constitucional, radical, de Alfonsín (1983/1989) - 3 acuerdos

Gobierno constitucional, peronista, de Menem (1989/1999) - 5 acuerdos

Gobierno constitucional de la Alianza, de “centroizquierda”, de De la Rúa (1999/2001) - 1 acuerdo 

Gobierno constitucional, peronista, de Duhalde (2002/2003) - 1 acuerdo

Gobierno constitucional, “centroderecha”, de Macri (2015/2019) - 1 acuerdo

Gobierno constitucional, peronista, de Fernández (2019/…) - 1 acuerdo

 

Algunas observaciones pueden servir para una mayor comprensión de lo que viene pasando.

 

Según investigadores del CONICET, el período en el que los acuerdos tuvieron mayor continuidad, va desde fines de 1982 hasta el estallido del 2001/2002. No parece casual que ese período incluya los primeros 20 años desde que la resistencia popular logró la retirada de la dictadura iniciada en 1976. Visto a distancia puede deducirse el interés del FMI y sus mandantes por “rodear” a los nuevos gobiernos constitucionales de sus condicionalidades para asegurarse la continuidad de las políticas aplicadas durante la dictadura.  

 

Respecto al volumen de los acuerdos celebrados, el mayor de ellos fue concretado por Eduardo Duhalde, por un monto equivalente al 9,8% del PBI; cerca de esa cifra le siguen los acuerdos realizados durante los gobiernos de Mauricio Macri y el actual de Alberto Fernández.

 

El FMI fue protagonista de situaciones que fueron claves para imponer este modelo nefasto e inviable.El señalamiento de algunos de esos hechos nos da el derecho a pensar que no estamos frente a una entidad de “cooperación internacional”. Todo lo contrario, el FMI es - para los argentinos y argentinas - el verdugo que ajusta la cuerda con la que han logrado rodear nuestro cuello desde hace 67 años.

 

Ello no parece una casualidad. El verdugo siempre actúa cumpliendo órdenes y por cuestiones que para el poder no son las adecuadas. No es descartable que el largo no involucramiento argentino en la guerra y otras actitudes autonomistas semejantes haya movido a los dueños del imperio a aplicar ciertos correctivos históricos. 

 

Esa historia, que empieza con el golpe gorila de “la Libertadora” de 1955 y el ingreso al FMI al año siguiente, se coronó rápidamente con las traiciones del gobierno de Frondizi.Para “estabilizar el problema cambiario” y “frenar la inflación”, Frondizi tomó un préstamo por 75 millones de dólares. Sus cláusulas secretas - conocidas tiempo después - obligaban a un severo ajuste. Entre otras cuestiones, suponía: Una reducción del 15% en los empleos públicos; la paralización de las obras públicas; la privatización de las empresas estatales, la reducción y venta de los frigoríficos estatales, la clausura masiva de ramales ferroviarios (dentro del marco del Plan Larkin), restricciones en el otorgamiento de créditos, aumento de precios y congelamiento del salario mínimo por dos años, entre otras medidas. Ese proceso se concretaría con la venta de 40 empresas estatales, mecanismo iniciado durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu. Así, con esa magnanimidad, debutaba en nuestra tierra el FMI.

 

Los siguientes acuerdos con la dictadura militar, iniciada por Onganía, siguieron aplicando las mismas orientaciones.El gobierno de Isabel Perón firmó un nuevo acuerdo, el primero para un gobierno peronista. Mientras se estaban arriando algunas banderas históricas del peronismo, vino el FMI y prestó su “colaboración”, para dirimir el conflicto que atravesaba a esa sociedad. El Golpe genocida de Videla y los gobiernos constitucionales (Alfonsín, Menem y la Alianza) que los sucedieron recibieron parecido “apoyo” para su política económica. Ello ocurría más allá de variadas e importantes diferencias, particularmente en materia de libertades y derechos humanos. Esa ayuda fue - en realidad - una carga más que pesada, sobre las espaldas de todo el pueblo.

 

Es más que interesante de qué forma se disolvió el débil poder del gobierno de centro izquierda de la Alianza encabezada por Fernando de la Rúa. En medio de la crisis y después de haber logrado un importante “blindaje” (40 mil millones de dólares) por parte del FMI. Éste obligaba a insoportables condicionalidades: elevar la edad jubilatoria de las mujeres, reestructurar organismos como la ANSES y el PAMI, reducción de salarios, entre otras medidas. La situación fue empeorando. Así llega al Ministerio el inefable Domingo Cavallo, autor con Menem del “1x1: Un peso un dólar”. Las autoridades, nuevamente acuden al FMI. Se ponen en práctica nuevas y “creativas” alquimias financieras.


Es el turno del Megacanje, postergando los pagos por tres años, aumentando intereses y acrecentando deuda. Algunos inversores no cumplieron y el FMI le soltó la mano a Cavallo.    La crisis no cesaba y junto a los inicios de los “corralitos” (límites para extraer dinero de los bancos) dieron comienzo los atisbos de la explosión que estalló el 19 de diciembre del 2001. El gobierno de Fernando de la Rúa voló por los aires, aunque fue en helicóptero. En medio del estallido, asumió la Presidencia Adolfo Rodríguez Saa, planteó la suspensión de los pagos de la deuda, hasta que se investigara su legalidad. Gran parte del aparato político del propio peronismo le restó su apoyo y renunció. Blindaje y Megacanje incrementaron nuestros problemas, aumentando enormemente nuestro endeudamiento. Transitamos el mayor default de la historia en el mundo. El pueblo llano pagó y paga las cuentas de esta historia.

 

En su provisorio turno presidencial, Eduardo Duhalde, nuevamente acudió al FMI. Con las calles ocupadas por piqueteros, el temor al crecimiento de esa oleada plebeya asustó. Ella actuó como incentivo para que dirigentes políticos, empresarios y organismos internacionales, aflojaron un poco la cuerda. Esta vez la cosa funcionó algo mejor y la economía parecía estabilizarse.

 

Pero el 15 de diciembre del 2005 el Presidente Néstor Kirchner hizo un anuncio que apuntaba a resolver, en parte este problema histórico. Dijo “Argentina se libera” y anunció la cancelación de la deuda con el FMI, pero no rompió con él. La decisión fue importante pero insuficiente, como el tiempo lo demostró.Las deudas, mayoritariamente fraudulentas, estaban acumuladas en diferentes sitios. No se investigó, ni declaró la ilegalidad de las mismas, como lo hizo el Juez Ballesteros, en el año 2000. El Parlamento, convocado a intervenir, cajoneó ese fallo. Nuevamente quedamos prisioneros de las ambiciones y voracidad del capital financiero. Ellos pudieron seguir con sus traperías. 

 

Es imposible no pensar que Mauricio Macri, cuando tomó el inédito préstamo del FMI por 57 mil millones de dólares no imaginaba o no sabía que ese acuerdo era impagable y que quedábamos atados de pies y manos.Así ocurrió y su gobierno no pudo sustraerse al descrédito que generó eso en gran parte de la población. También sería ingenuo imaginar que esa decisión no fue “soplada” por algunos intereses que miran un poco más lejos. Retomar de un modo tan brutal la relación con el FMI roza con los avances que se están produciendo hacia la disgregación nacional y ellos no se limitan al proceso económico.

 

Lamentablemente, ese retazo gastado del peronismo de Alberto y Cristina Fernández ha decidido legalizar esa maniobra antisocial y antinacional. Gobierna en el marco de las condicionalidades impuestas por el FMI, y se sume en un rechazo que el peronismo en el gobierno no conocía.  

 

Sin embargo, la argentina profunda sigue latiendo. Puede ser que este modelo institucional la condene a ser minoría, pero nunca podrá arrancarle la voluntad de luchar por la emancipación social y la independencia nacional.

 

 

La ruptura con el FMI: un camino a recorrer

 

Después de las consideraciones anteriores solo queda una política a seguir respecto al FMI: La RUPTURA.

 

En estos largos 67 años de relación, los sacrificios del pueblo han sido enormes y los beneficios prácticamente nulos, tal como surge de las consideraciones iniciales.

 

Por eso es necesario cambiar el eje de nuestro planteo. Desde el campo popular ha sido muy común plantear que no habrá acuerdos con el FMI sobre el hambre y las necesidades de nuestro pueblo. La realidad demuestra que lo que se acuerda es más de lo mismo. En este caso, es necesario poner blanco sobre negro y avanzar con fuerza en el objetivo de una ruptura con ese instrumento del imperialismo.

 

Hemos sido extensos en el desarrollo de algunas cuestiones para mostrar de qué modo las políticas del FMI han influido sobre la realidad, dejándonos los efectos conocidos, con la obvia complicidad de la mayor parte de la dirigencia de nuestro país.

 

Algunas cuestiones de peso complementan las argumentaciones que surgen de los datos señalados.

 

La primera tiene que ver con la crisis generalizada - que podemos considerar como civilizatoria - que cuestiona las concepciones y perspectivas que se tenían a mediado de la década de los 40’ del siglo pasado, cuando se crea el FMI. Esas diferencias abarcan y se extienden por el conjunto de los fenómenos sociales, desde la ciencia y tecnología hasta las concepciones ideológicas, la relación con la naturaleza y los modos de producción. El intocable e inalterable capitalismo hoy, aunque no existan alternativas evidentes a la vista, está fuertemente cuestionado por su perspectiva de seguir apostando a un progreso infinito y los riesgos que tal concepción trae al propio planeta que sigue siendo nuestra única vivienda. Este es el mundo que está en crisis y su continuidad, bajo las actuales condiciones, no es lo único que podemos hacer. 

 

El otro aspecto que no debemos obviar es el fin de aquella guerra y las modificaciones en las correlaciones de fuerza.Hoy la guerra entre Rusia y los intereses de la OTAN, que incluyen a Ucrania, gran parte de Europa, EEUU y otros países occidentales pone sobre el tapete varios temas. El avance de China, sus acuerdos con Rusia, la aparición del BRICS y la progresiva pérdida de peso de los EEUU y Europa. Este declive es constante y sin visos de que esa tendencia se modifique.

 

Esto nos lleva a pensar que hoy los EEUU carecen de la potencia para imponer las condiciones económicas del modelo que más convenga a sus intereses.  Por otra parte, la crisis civilizatoria demanda respuestas que atiendan más a las nuevas realidades y no a ese pasado que legitimó la explotación capitalista y sus privilegios imperialistas.

 

Desde el punto de vista interno, ponernos en camino a una ruptura con el FMI significa colocar el eje de la acción en el principal instrumento económico que tiene el poder del capitalismo occidental para someter a nuestros pueblos y frenar sus luchas. Por otra parte, esta bandera puede constituirse en un aspecto central para el reagrupamiento de las fuerzas populares, con la vista puesta en las próximas batallas.



Por Secretariado Ejecutivo de la OLP Resistir y Luchar:

Roberto Perdía, Alejandro Ignaszewski, Carina Peralta, 

Carlos Aznárez, Andrea Tomaíno, 

Jorge Falcone,  Norman Briski 





 


DE LOS NOMBRES QUE SIGUEN ARDIENDO: COMANDANTE ROBERTO PERDÍA

  Roberto Cirilo Perdía, “El Pelado”, fue más que un dirigente: es un símbolo de lucha, convicción y entrega en la historia de la militancia...